La Unión Europea produce más de 2.100 millones de toneladas de residuos al año. Al actualizar su legislación sobre la gestión de residuos,. la UE pretende promover un cambio hacia un modelo sostenible conocido como economía circular.
Pero, ¿en qué consiste esta economía circular? ¿Qué ventajas conlleva el cambio?
La economía circular es un modelo de producción y consumo que implica
compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las
veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los productos
se extiende.
En la práctica, implica reducir los residuos al mínimo. Cuando un producto llega al final de
su vida, sus materiales se mantienen dentro de la economía siempre que sea posible gracias al reciclaje.
Estos pueden ser productivamente utilizados una y otra vez, creando así un valor
adicional.
Contrasta con el modelo económico lineal tradicional, basado principalmente
en el concepto “usar y tirar”, que requiere de grandes cantidades de materiales y energía baratos y de fácil
acceso. La obsolescencia programada contra la que el Parlamento Europeo pide
medidas es también parte de este modelo.
La reutilización y el reciclaje de productos ralentizarían el uso de recursos naturales, reducirían la alteración del paisaje y el hábitat y ayudarían a limitar la pérdida de biodiversidad.
Otro beneficio de la economía circular es la reducción de las emisiones anuales totales de gases de efecto invernadero.
Crear productos más eficientes y sostenibles desde el principio ayudaría a reducir el consumo de energía y recursos, ya que se calcula que más del 80% del impacto ambiental de un producto se determina durante la fase de diseño.
El envasado es un problema cada vez mayor y se calcula que, de media, cada europeo genera casi 190 kg de residuos de envases al año. El objetivo de la UE es atajar el exceso de envases y mejorar su diseño para fomentar la reutilización y el reciclado.
Uno de los motivos para avanzar hacia una economía circular es el aumento de la demanda de materias primas y la escasez de recursos. Varias materias primas cruciales son finitas y, como la población mundial crece, la demanda también aumenta.
Otra de las razones es la dependencia de otros países: algunos países de la UE dependen de otros países para sus materias primas. En 2022, cada europeo consumió 14,9 toneladas de materias primas, según Eurostat.
El valor total del comercio (importaciones más exportaciones) de materias primas entre la UE y el resto del mundo en 2023 fue de 165.000 millones de euros. Las exportaciones fueron más bajas que las importanciones, lo que se tradujo en un déficit comercial de 29.000 millones de euros.
El reciclaje de materias primas reduce los riesgos asociados al suministro, como la volatilidad de los precios, la disponibilidad y la dependencia de las importaciones. El reciclaje puede ser una fuente importante de materias primas fundamentales, que son necesarias para la producción de tecnologías cruciales para alcanzar los objetivos climáticos, como las baterías y los motores eléctricos.
La transición hacia una economía más circular podría aumentar la competitividad, estimular la innovación, impulsar el crecimiento económico y crear empleo (700.000 puestos de trabajo solo en la UE para 2030).
El rediseño de materiales y productos para un uso circular también impulsaría la innovación en diferentes sectores de la economía.
Los consumidores contarán con productos más duraderos e innovadores que mejorarán su calidad de vida y les permitirán ahorrar a largo plazo.
La UE quiere conseguir una economía circular y climáticamente neutra para 2050. En los últimos años, ha tomado medidas para reducir los residuos y hacer productos más sostenibles.
La nueva legislación y la actualización de los textos legislativos cubren el diseño sostenible, el empaquetado, el lavado verde (greenwashing), el derecho a reparar y la gestión de los residuos, entre otras áreas.
Más información sobre cómo la UE quiere alcanzar la economía circular para 2050.